Cada malestar se inscribe en una trama propia.
Los trastornos psicológicos no son realidades físicas. Cada experiencia de malestar se inscribe en una trama propia, vinculada a la manera en que cada persona ha vivido y dado sentido a lo que le ocurre.
Lo que nos constituye
Todo ser humano, desde que nace, ha de atravesar una serie de hitos del desarrollo y de operaciones fundantes que participan en la constitución de su psiquismo. La entrada en el lenguaje, los primeros vínculos, las identificaciones tempranas, así como la construcción de la propia imagen corporal y de la relación con el cuerpo, participan en la forma en que cada uno llega a relacionarse consigo mismo, con los otros y con el mundo.
Las marcas que dejan los otros con sus palabras, sus gestos o sus ausencias, la manera de atravesar determinadas pérdidas y separaciones, y el lugar que cada uno va encontrando en el mundo simbólico participan en su constitución subjetiva y tienen efectos en la forma de afrontar las renuncias que la socialización exige.
Sufrir sin saber por qué
Es la manera singular en que cada uno se enfrenta a esta red de afectos y huellas lo que va delimitando el territorio de aquello que llamamos salud mental. No todas las vidas han estado influidas por las mismas experiencias traumáticas ni todos los sufrimientos tienen un origen común. Algunas personas han conocido la precariedad, el abandono, la violencia o el desamparo y otras, en cambio, no encuentran en su biografía acontecimientos que parezcan explicar la intensidad de aquello que padecen. Sin embargo, sufren y se preguntan de dónde procede ese exceso para el que no encuentran una explicación.
En ocasiones, determinadas formas de trato y de crianza, por formar parte de lo cotidiano, llegan a vivirse como normales y no encuentran palabras ni recursos que permitan elaborarlas. Aquello que no pudo ser tramitado puede reaparecer tiempo después por vías que no se reconocen como propias. En todo sujeto hay, además, algo que no alcanza a ser capturado por las palabras ni reducido al sentido: un resto irreductible que permanece opaco y con el que cada uno tendrá que encontrar su propia manera de arreglárselas.
La forma en que se organiza el psiquismo y los recursos que encuentra el sujeto para defenderse del sufrimiento que acompaña a la existencia van tejiendo la trama de la subjetividad. Una experiencia no produce los mismos efectos cuando llega a tocarnos el cuerpo y encuentra algún lugar en nuestra historia que cuando queda fuera de aquello que podemos recuperar como recuerdo o, incluso, cuando no llega siquiera a inscribirse.
Los síntomas, los deseos, las inhibiciones o los modos de goce no pueden comprenderse únicamente a partir de factores biológicos, sino atendiendo también a la relación singular que cada sujeto establece con las marcas significantes que lo han constituido, con ese resto que escapa al sentido y con aquello que insiste en la repetición.
La importancia del cuerpo
Una parte importante del padecimiento psíquico compromete al cuerpo: experiencias de extrañeza, fragmentación o dolor corporal, somatizaciones, preocupaciones hipocondríacas, despersonalización, alteraciones de la imagen corporal… Estas manifestaciones muestran que el cuerpo humano no puede reducirse únicamente a su dimensión biológica. Es también un cuerpo atravesado por el lenguaje, la historia, los vínculos y las experiencias de cada sujeto, y uno de los lugares privilegiados en los que el sufrimiento puede dejar su impronta.
«No somos máquinas que puedan dominarlo todo mediante la conciencia y la voluntad.»
No somos máquinas que puedan dominarlo todo mediante la conciencia y la voluntad. Hay pensamientos que irrumpen sin ser llamados, conductas que se instalan pese al propósito de abandonarlas, elecciones que desconciertan a quien las realiza y cuerpos que responden de maneras que escapan al control consciente. Allí donde algo no puede evitarse y sucede más allá de nuestra voluntad, se hace presente una dimensión de nosotros mismos que desconocemos y que, sin embargo, continúa operando en nuestra vida mientras no la atendamos como se merece.
El descubrimiento del inconsciente pone de manifiesto precisamente esta división: no coincidimos por completo con aquello que creemos saber de nosotros mismos. Pero esta división no supone únicamente una limitación, sino que también abre un margen desde el que interrogar aquello que nos determina y encontrar otras maneras de relacionarnos con eso que insiste en forma de SÍNTOMA, ANGUSTIA O INHIBICIÓN.
Porque en todas estas manifestaciones del malestar también se juega algo del DESEO.
Formas del malestar
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